EL COLOR DEL ARCOIRIS

Jul 14, 2016 | | Say something

Al ritmo de los tambores bailaban todos los hombres y mujeres de la tierra, pues así lograrían que las siete nubes que gobernaban el cielo los premiarán con lluvia para nutrir sus cultivos y deleitarse con la frescura del agua celestial. Así sucedía cada siete lunas, las nubes maravilladas sonreían al ver los movimientos de los seres de abajo y los sonidos tan llenos de vida y armonía que producían. Sin embargo, el dios del sol, enojado al ver que jamás tenía ofrendas, lanzó su luz y calor hacia la tierra y secó los mares y ríos, haciendo que al pasar del tiempo las siete nubes del cielo desaparecieran, pues ya no existía agua.

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Los hombres, llenos de temor al ver sus cosechas perecer, comenzaron desesperados a viajar a tierras lejanas en busca de agua. La tierra era un gran desierto, el calor y la sequía no tardaría en hacer caer a los seres de abajo. Pero la naturaleza era sabía, y no permitiría que sus hijos cayeran ante el enojo del dios del sol.

Al cabo de muchos pasos y sufrimientos, los hombres lograron encontrar un inmenso bosque, lleno de criaturas y alimentos. Se adentraron en lo más profundo de los árboles y sus ojos no creían la maravilla que veían: era un lago más grande que cualquier otro jamás visto, su agua era tan clara como una piedra preciosa y su sabor era exacto al del agua celestial. No tardaron mucho en comenzar a danzar al rededor del lago, y veían como pequeños vapores empezaban a emerger del agua. Tras mucho danzar y batir los tambores, las siete nubes del cielo habían regresado de nuevo, advirtieron a los hombres de la furia del dios sol, y sin mucho pensarlo, pintaron en sus cuerpos soles y fuego, en tributo al sol, quién se encontraba satisfecho al ver su imagen en los cuerpos de los seres de abajo.

Las nubes, dichosas de estar en las alturas de nuevo, querían recompensar a los hombres por su valerosa danza que les había devuelto la vida.

Así, la primer nube tomó una rosa, la más roja de todas, y su cuerpo se hizo de un rojo intenso.

La segunda nube se acercó a un tigre, tomó un pelo de él y sus vapores se hicieron de un naranja ardiente.

La tercera vio el oro de los hombres, tomó un poco, y su cuerpo de hizo de un amarillo brillante, casi como el mismo sol.

La cuarta, se posó sobre un árbol y dejó que el verde de las hojas se impregnara en su ser.

La quinta se vistió de las sedas aguamarina de los hombres y su cuerpo se hizo de un azul muy suave.

La sexta se acercó a los mares, tomó de su agua, y se inundó de un azul profundo y oscuro.

Finalmente la séptima y última nube no sabía que color tomar, fue entonces que vio el amanecer frente a ella, y se apresuró a tomar el lila cálido de la madrugada.

Listas cada una con su magnífico color, al cabo de siete lunas, cuando los hombres danzaban para recibir la lluvia, las nubes del cielo desplegaban sus colores por toda la tierra y el cielo, llenando de matices todo lo que existía, si se miraba hacia el cielo, se podía ver arcos de colores surcando el firmamento. Este fue el premio a los hombres por salvar a las nubes… El regalo del arco iris.

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Juan F. Bonilla G.
Danzante DanzAzul

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